Yuusha no Segare Volumen 1

Prólogo

El comienzo del fin de una familia pacífica.

Los padres siempre tendrán una parte de su vida en el pasado que sus hijos nunca podrán ver.

Kenzaki Yasuo, que acababa de cumplir los dieciocho años de edad, no podía recordar cuando se había dado cuenta de un hecho tan obvio. Sin embargo, después de haber llegado a esta edad, no podía decir que sabía todo sobre su familia, y también se dio cuenta de que no saber no era un problema importante. Incluso si había muchas cosas que él no sabía, su relación familiar seguía siendo bastante buena.


Tenía un padre que trabajaba como gerente en una empresa bastante grande sin ningún contratiempo. Su madre era actualmente ama de casa, pero ocasionalmente trabajaba a tiempo parcial. Su hermana estaba en una edad difícil, estando en el tercer año de secundaria, una experiencia que todavía recordaba.

No sabía los detalles sobre el tipo de trabajo que su padre desempeñaba en su compañía, ni tampoco sabía cómo su madre gastaba su tiempo mientras él estaba en la escuela. Su hermana estaba asistiendo a la misma escuela media en la que él estuvo, pero no pensó por un minuto que estaba teniendo el mismo tipo de vida escolar que él tenía.

Del mismo modo, su padre, madre e incluso su hermana debieron haber podido ver la mayor parte de su vida, pero sólo los aspectos superficiales. Probablemente vieron una visión restringida, como su imagen como estudiante de secundaria, o su horario para cada día.

Sin embargo, probablemente apenas sabían los detalles sobre cómo Yasuo interactuaba con sus amigos y profesores en la escuela, qué sueños tenía mientras trabajaba en sus estudios y cómo gastaba su tiempo cuando no estaba con su familia. Aun así, su padre, madre, hermana y él mismo, probablemente estaban trabajando desde sus propias posiciones para mantener a su familia de cuatro integrantes en un estado pacífico.

Sin embargo, la situación que se estaba desarrollando ante los ojos de Yasuo era algo que destrozaría su pequeña confianza.

—Estoy… en casa…

La estación del año no era aún la primaveral, y el tiempo seguía siendo frío. Yasuo entró en la sala, la cual estaba iluminada por el crepúsculo, y el único sonido que se escuchaba era el zumbido de la nevera en el comedor, re-sonando en sus oídos.

Yasuo permaneció arraigado en el lugar, sin bajar su bolsa, mientras aún vestía su uniforme escolar.

Su madre, con los hombros languidecidos y vistiendo una expresión ilegible.

Su hermana tenía un ceño fruncido en la cara, con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados.

Y sobre todo, su padre tenía una expresión sombría y abstinente que sólo había visto unas pocas veces en los dieciocho años de su vida. Algo horrible le había sucedido a su familia. Eso era lo único que entendía.

Aunque debieron haber notado que Yasuo había vuelto a casa, ninguno de ellos levantó la cabeza para reconocer su presencia. Este extraño comportamiento indicaba cuán grave era el problema desconocido.

Esta mañana se había despertado como de costumbre ante la misma vieja molestia, discutía con su hermana como de costumbre sobre cosas triviales, se reía de los comentarios del intérprete que aparecía en las noticias de la mañana, se despidió de su padre que se iba a trabajar desde la sala de estar sin siquiera darse la vuelta, y se fue a la escuela antes que su hermana. Esa escena se había vuelto repentinamente pesada por alguna razón, y Yasuo no podía aguantarlo más.

—¿Qué diablos pasó…

En el momento en que intentó decir eso,

—Siéntate, Yasuo.

A la voz contenida de su padre, la premonición de Yasuo se solidificó en certeza.

Mientras se sentaba en su asiento habitual frente a su padre y al lado de su hermana, Yasuo se dio cuenta de que su corazón había comenzado a latir caóticamente como una campana de alarma.

—…Sí…

Observando el complicado suspiro que su hermana, Nodoka, le dio por el rabillo del ojo sólo sirvió para agravar su malestar.

—M-Mamá, ¿cuál es el problema…?

—…Lo siento. Esto es demasiado repentino, no puedo ser yo quien lo diga.

Su madre, la voz de Madoka era muy ronca, tal vez por el agotamiento.

Parecía que la respuesta sólo vendría de la persona frente a él.

Yasuo tragó saliva y miró el rostro de su padre.

En algún momento había alcanzado la misma altura de su padre, pero por alguna razón, su padre parecía especialmente grande y lejano hoy.

Esa apariencia de su padre comenzó a hablar.

—Yasuo, en realidad,

Como era de esperar, la voz de su padre era tan ronca y seca como la de su madre. Sin embargo, la expresión de su padre tenía una cierta “resolución” que su madre no tenía.

Yasuo, que estaba teniendo todo tipo de malas premoniciones, fortaleció su corazón contra cualquier tipo de noticias y esperó las próximas palabras de su padre.

Lo más probable eran las noticias de enfermedad, lesión o muerte de un pariente. Si se trataba de algo relacionado directamente con su familia, tal vez su padre había perdido su trabajo, o tenía alguna enfermedad grave. Tal vez era una gran deuda, un accidente, o fueron víctimas de un crimen.

Mientras Yasuo empezaba a repasar una lista de todas las cosas malas que un estudiante de secundaria de tercer año podía imaginar, las siguientes palabras de su padre cayeron sobre sus oídos.

—Quiero ir a otro mundo y convertirme en un héroe.

 

El momento en el que le tomo comprender las palabras de su padre, Kenzaki Hideo, un viejo asalariado de cuarenta y ocho años de edad, parecía como una eternidad silenciada.

 

—¿Huh?

 

Era la única respuesta que él podía dar. ¿De que otra manera se suponía que debía de reaccionar?

 

—¿………Huh?

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